Presentación de Orlando natural, por Màrius Sampere (Horiginal, 15 de diciembre 2010)

Dos cosas: Primera, leer el Orlando natural y quedar atrapado un buen rato. Segunda: zambullirme en el prólogo de Meri Torras para decidir quién tiene razón. Si ella o yo u otro, es decir, retirar del fuego, donde se cuece y chasca el Orlando natural y dejarlo reposar para que se haga más sabroso.
En esta pausa -necesaria para respirar un poco y esperar a que se disipe la niebla matutina-, me apresuro a decir que el Prólogo, extenso y preciso, ya lo explica todo, el cómo, el quién y el porqué y, por tanto, no me deja nada para mí, nada que yo pueda decir que sea nuevo.
Y es que, por un lado, la poesía de Mireia, concretamente estos poemas del Orlando, llenan toda la superficie visible, la llenan de gotas de aceite que se esparcirán irremisiblemente y, por otra, el prólogo se prodiga en consideraciones, laterales o bien centrales, que también agrandan el texto común.
Por decirlo de otro modo, este fuego cruzado entre la autora y la prologuista, entre la obra y el comentario, me sitúa en un punto tan vulnerable que más me enmudecer o elevar una oración de contricción.
Sin embargo, revolviendo por los pliegos, veo que me queda un resquicio para decir la mía sin incurrir en reiteraciones. Yo no entro en detalles, no considero el poemario anatómicamente. Quiero verlo anímicamente, globalmente, como un todo que se me pone delante y me desafía. Y verlo como el rastro que deje, por la emoción que produce y, por tanto, por la totalidad que abraza…
Desterrando el análisis y la anécdota, creo que nos encontramos ante un libro introductorio, una gran entrada, un horizonte que se nos abre a los ojos. Y también como una invitación al desierto, a un desierto lleno de trampas, en el bien entendido de que no son obstáculos malignos, sino bondades; diría que seres vivos, bichos enamorados del caminante impúdico.
El que se adentra, por tanto, debe despojarse previamente, que renuncie a toda vestimenta, que se quite la faja y las polainas. Desnudo, absolutamente vulnerable, se enfrentará a la destrucción del mundo conocido por habitar en una burbuja tensa, a punto de estallar, en una esfera llena de aristas. Mireia Vidal-Conte, la mujer garabato, como se llama ella es, por eso, lacónicamente sugerente y escribe en clave de no-convencionalismo, de no sintaxis, de no-pacto, de no ninguna concesión.
Perte todo esto, quien haya leído Orlando natural y no se haya dado cuenta de que acaba de visitar un lugar inexplorado y, por tanto, relleno de riquezas, es que debe volver a leer: debe volver y volver hasta que los versos, agujas de platino, le produzcan la máxima excitación.

Márius Sampere. Barcelona, 15 de diciembre de 2010.

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